El Pozoblanco, primer club cordobés que tocó la Asobal, vuelve a sus orígenes tras un paso atrás obligado por la economía | Pedro García: “A mí nuestro alcalde, el de ahora, me ha dicho que si el club tiene que desaparecer pues que desaparezca”

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Fue siempre la esperanza del balonmano cordobés durante el siglo XXI. La consigna era regresar a la Asobal y de él aprendieron ARS de Palma del Río primero, siempre a su sombra, y posteriormente el Ángel Ximénez de Puente Genil. Porque el extinto Prasa, como siempre fue conocido el mejor Balonmano Pozoblanco, tuvo que declinar en su eterno objetivo de regresar a la máxima categoría cuando su gran mecenas tuvo que retirarle el patrocinio por motivos obvios.

Fueron tantos casi, tantas fases de ascenso, tantas decepciones y sobre todo un palo, el de aquella mañana de mayo de 2010 en Guadalajara. Aquel Prasa de Paco Castillo había hecho lo más difícil, forzar una prórroga y hasta la tanda de penalties al anfitrión, pero allí se empezó a escribir el principio del fin con un final más que cruel. Hoy de aquel Prasa no queda nada, sólo el apellido, cuando curiosamente Pozoblanco debía ser el nombre, con el que ahora quiere volver a empezar. Toca ahora desgranar el caminar de este club señero que ahora es más bien peregrinar para lo que su actual presidente, Alfonso Cardador, y su director deportivo, Pedro García, eharán la vista atrás mientas siguen al pie del cañón resistiendo y apostando por la base.

Su historia se empezó a escribir en 1987 compitiendo en Segunda Territorial y estrenándose con una merecida cuarta posición. Al siguiente año los vallesanos remataron su segunda temporada sin perder ni un partido, con lo que se alzaron campeones y lograron su primer ascenso, a Primera Territorial. En esa categoría repitieron éxito y fueron campeones, aunque se mantuvieron en la categoría porque aquella a la que les tocaba ascender desapareció.

Con el nombre ya de Grapesa Pozoblanco, el club buscó ansioso el ascenso a Segunda Nacional y vivió otra temporada exitosa por tercer año consecutivo. El club caminaba de la mano de un pilar muy importante: una gran afición que en ese momento alcanzó en la Pozoblanco niveles jamás pensados. Los partidos pasaron a jugarse en el Pabellón Don Bosco del Colegio Salesianos. En la temporada 90/91 el equipo de nuevo no perdió ni un sólo partido y ascendió a Segunda Nacional, donde se estrenó ocupando el tercer puesto en la clasificación. Jugó la fase de ascenso para llegar a Primera Nacional, pero no lo lograron por perder un solo partido.

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Fue un sinsabor que se repitió en la temporada 92/93, cuando un año más se convirtieron en campeones de la liga regular. En la fase de ascenso, la peor diferencia de goles con el Coín evitó que fuese equipo de categoría nacional. Pero a la tercera fue la vencida y llegó el ascenso a Primera Nacional. En los despachos, los vallesanos consiguieron un nuevo patrocinador y pasaron a llamarse Impecuarias Pozoblanco.

Pero sería algo efímero que dejó paso a algo mucho más duradero y clave para la historia de la entidad. El patrocinio empezó a correr a cargo de PRASA, importante empresa cordobesa de la construcción que acompañaría al club en las dos siguientes décadas. Pedro García, director deportivo de la entidad, recuerda que “aquello fue muy importante, porque prácticamente el 50% del presupuesto lo abarcaba PRASA”.

El estreno del binomio no pudo ser mejor, porque en una campaña inmejorable ascendieron a la categoría de plata del balonmano español, la División de Honor B. Sería su categoría más propia y ello merced al sostén de su patrocinador. Alfonso Cardador, presidente del club, considera que “hay que estarle eternamente agradecido a PRASA por dónde ha llegado el club, porque gran parte del mérito es del gran sponsor que tuvimos todos estos años”.

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Lo mejor, con todo, estaba por llegar. El equipo entrenado por Paco Castillo, hombre básico en el club en la parcela deportiva, se encaramó a la parte alta de la clasificación y ahí se mantuvo hasta la última jornada. El ascenso dependía de un empate en Málaga, pero el equipo cayó con claridad en Málaga por nueve goles. Sin embargo, una derrota milagrosa de su gran rival por el ascenso, Toledo, ante Altea, hizo al club equipo de la Liga ASOBAL, la máxima categoría del balonmano español. Era el primer club cordobés que lo conseguiría, aunque luego lo harían ARS de Palma del Río y actualmente el Ángel Ximénez de Puente Genil. “En Andalucía fuimos pioneros en bastantes cosas y también de los primeros en ascender a la ASOBAL”, destacó Cardador.

ASOBAL, un sueño demasiado corto (96/97)

El Prasa Pozoblanco formaba parte de la mejor liga de balonmano del mundo, con un objetivo: la permanencia y, a ser posible, convertirse en el equipo revelación en su debut en la ASOBAL. En su salto a la élite aquel conjunto vallesano del sempiterno Paco Castillo se reforzó con jugadores como Álex Franch, Nacho Vico o Zafra. Todo marchaba bien y cumplía ese papel de revelación en la primera vuelta de la liga. Pero la segunda no trajo tanta suerte: lesiones, mala suerte e irregularidad para que el equipo acabara descendiendo. Los vallesanos volvían a División de Honor B tras su premiere en ASOBAL.

Pese al descuadre de presupuesto que dejó la máxima categoría, el sueño desde entonces fue retornar a la elite. Y lo cierto es que “hemos estado muchísimas veces muy cerca del ascenso”, recuerda con nostalgia Pedro García, aunque no fue en esa temporada de retorno a plata. Hacían falta aires nuevos y en la temporada 98/99 el club se encontró con una nueva directiva, con Juan Garrido al frente y fichajes nuevos como Dani García o Lorenzo Martínez. Gámez sustituyó al hasta entonces técnico del club, un Paco Castillo que fue destituido a mitad de temporada. Pero fueron años de pelea en el desierto, sin resultados demasiado notables salvo alguna Copa de Andalucía.

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Llegó el siglo XXI con cambios drásticos para hacer olvidar los malos resultados de la campaña anterior. Apareció un nuevo entrenador, Rafa Moreno, con nuevos fichajes como Fandiño o Javi Santos. Sin embargo, la jugada no salió bien, hasta el punto de cosechar la peor clasificación de los vallesanos en División de Honor B hasta entonces. Además, el lastre económico empezaba a pesar. Desde la temporada 2001/2002 los problemas económicos estuvieron a la orden del día. La directiva se vio obligada a reducir el presupuesto para paliar la deuda existente desde hace años. Se apostó por la estrategia de fichar a jugadores jóvenes con la idea de la permanencia, pero en cambio se estuvo muy cerca del ascenso a Asobal. Fueron años de terceras posiciones con gente como Gerard Espigol, Jaume, Pedersen…

La 2003/2004 fue la última campaña de Juan Garrido como presidente y Rafa Moreno como técnico. El club decidió reforzar la plantilla y apostó más claramente por el ascenso, pero no sirvió de nada. Fue un año de declive en el que las lesiones acompañaron en exceso al equipo. Paco Castillo volvió al banquillo con nuevos refuerzos (Jensen, Guerrero, Domínguez…). Las idas y venidas de jugadores eran habituales por aquellos entonces, aunque en la 2005/2006 la entrada en temporada fue muy buena y la primera vuelta finalizó con el conjunto como líder en solitario de la categoría. Tanta felicidad se vio nublada por la aparición de numerosas lesiones y el ascenso se vio cerca, pero no se tocó.

Fue el inicio de otra etapa dura, sin opciones reales de ascenso, aunque el equipo siempre acababa en buenas posiciones. El fluir de la afición disminuyó. En palabras de Pedro García, “en el deporte la gente se apunta a caballo ganador y la afición ya no era la que se estaba acostumbrado a ver hasta ese momento. Dejaron de acudir al pabellón, aunque creo que es algo normal que pasa en todos los deportes”, matizó.

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Eran tiempos grises, con la esperanza de mejores resultados que nunca llegaron. Una esperanza que renació al implantarse el sistema de play-off, pero el ascenso se siguió mostrando esquivo. La economía del club estaba tocada y fueron momentos de muchos no a las peticiones de ayuda de Pedro García. Con todo, la aparición de una aportación de Cajasol, 15.000 € a las arcas del Prasa, que seguía también ayudado por Ayuntamiento y Diputación, supuso un soplo de aire fresco. Otra opción se escapó ante el Lábaro Toledo y otra más en la fase de ascenso en Guadalajara. La realidad es que el club seguía manejando un déficit de más de 45.000 euros, que aún no se ha enjugado.

El problema fue que el dinero empezó a escasear. El Ayuntamiento le redujo en un 50 por ciento la ayuda. “A mí nuestro alcalde, el de ahora, Pablo Carrillo, me ha dicho que si el club tiene que desaparecer pues que desaparezca”, asevera García, que no se corta al explicaque que la aportación del Ayuntamiento al club en cuantía estaba “bien y era justa pero no así las formas, y se lo hice saber al Ayuntamiento. El dinero se necesita en enero y febrero, no en julio. Necesitamos liquidez durante la temporada, durante el ejercicio”.

El Pozoblanco, que pasaría a estar gobernado por una gestora, parecía ir de mal en peor, pero de repente llegó otra oportunidad, otra fase de ascenso. 15 años después los vallesanos se encontraron a un paso de la liga ASOBAL un 31 de mayo de 2010 en la Alcarria. Pero no pudo ser. El destino fue de nuevo esquivo y tras una prórroga el desenlace más cruel. Aquella tanda de penalties ante el Guadalajara cercenó la última gran oportunidad del histórico Prasa.

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La mala economía entonces empezó a lastrar decisivamente al club, que buscó amparo en COVAP sin excesiva suerte. “Es difícil buscar financiación como se buscaba antes y los gastos no bajaban”, comenta el presidente Cardador. La Asamblea del Prasa arrojó un déficit de 60.000 euros. Pero quedaba por pasar lo peor. Paco Castillo, técnico hasta ese momento del club, optó por dejar su cargo, aunque curiosamente volvería a la Asobal como entrenador de Antequera.

Lo peor estaba por llega, ya que en la temporada 2011/2012 el club recibió uno de sus golpes más duros: la empresa PRASA se vio obligada, debido a la crisis económica del momento que afectaba y afecta hasta hoy al sector de la construcción, a dejar de patrocinar al club. “PRASA estuvo con nosotros siempre, pero en un momento ya no nos pudo acompañar como nos acompañaba. Al final decidió dejar la esponsorización del equipo, porque se les hacía muy cuesta arriba. Nosotros entonces dimos un paso atrás”.

“A esta junta directiva le ha tocado la epoca más dura, porque hasta entonces todo había sido mirar hacia arriba y nos vimos en la tesitura de tener que mirar también hacia abajo”, aseguró Cardador. El club cambió por completo su filosofía y pasó por momentos de cierto declive. “Cuando entramos en crisis y las constructoras dejaron de estar al lado del deporte se nos complicó mucho el asunto. Cambiamos el chip del club. De tener un puesto importante y luchar por el ascenso a intentar mantenerse sólo”, recuerda Pedro García.

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Y es que como el presidente subraya “buscar una empresa del calado de PRASA era complicado, aunque hemos estado varias veces a punto de cerrar con alguna empresa que nos permitiera continuar como siempre, pero al final las conversaciones nunca han cuadrado”. Pese a todo, el equipo seguía en Plata.

El año 2012 arrancó con un nuevo técnico, Magí Serra, pero los impagos a los jugadores estaban a la orden del día. El catalán se vio obligado a dimitir y Miguel Ángel Moriana no pudo lograr la permanencia en la categoría, aunque una repesca administrativa les mantuvo en la semi-élite. En 2013, con mucho sufrimiento y apuros, el Balonmano Pozoblanco se mantuvo deportivamente en la categoría, aunque la junta directiva de la entidad empezó a sopesar la posibilidad de renunciar a la plaza en la División de Honor Plata. Al final se inscribió y vivió otra temporada con final amargo: un descenso en casa en un play-off al que se vio condenado en la última jornada de la liga regular pese a sumar muchos más puntos que los otros dos implicados, Chapela y ARS, que finalmente se salvó.

Curiosamente, la Federación le ofreció de nuevo su plaza tras la desaparición del Balonmano Valladolid, pero la directiva ya tenía claro decir basta. El club ni siquiera se inscribió en Primera ni en Segunda Nacional para optar por la Primera Andaluza. Era el punto y final al balonmano de élite en Pozoblanco.

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García y Cardador, que coinciden en que “el balonmano necesita más apoyo en España”, revelan que la situación aún no ha mejorado sensiblemente. “En la actualidad seguimos arrastrando déficit y seguimos trabajando en ello para solucionarlo. La situacion sigue siendo difícil pero se mira desde otro punto de vista, porque ya no tienes los pagos que tenías que hacer y no tienes que afrontar los pagos semanales”, comenta el mandatario.

Actualmente, el club tiene a su sénior en Andaluza, el Espectáculos Doble A Pozoblanco, al que se unen todos los equipo de base, algo que no se cuidó en su momento y que siempre se le recriminó al club, la escasa apuesta por la gente de casa. “Ahora mismo tenemos más equipos que cuando estábamos arriba: siete equipos entre los dos sénior y cinco equipos de categorías inferiores”. El club sigue trabajando con ilusión y ve las cosas desde otro punto de vista. Todos los jugadores son de Pozoblanco, excepto uno que viene de Córdoba. El objetivo es seguir cumpliendo objetivos a corto plazo e intentar que sigan entrando niños y niñas en el club para poder seguir creciendo desde la base.

En estos días, la Asobal y tantos ascensos que se rozaron, son sólo un recuerdo, aunque Pedro García termina con un balance positivo: “Se me queda mal sabor de boca por no haber conseguido el ascenso después de tantos años estando tan cerca, pero lo que tengo claro es que he estado en un club carismático y me llevo muchísimos amigos. Y eso para mí, en la vida, es lo más importante”. Esta es la historia del Balonamno Pozoblanco, ahora de vuelta a sus orígenes aunque con más base que nunca ¿Volverá a la élite? El tiempo lo dirá.

Fuente Original: María Murillo, para CordobaDeporte.com

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